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Con esta maldita pandemia clavada todavía en nuestras vidas, uno de nuestros rituales más queridos, el poder probar la sidra nueva de las kupelas, tendremos que disfrutarla de manera diferente.

Hasta que entre todos liquidemos este maldito bicho, la “probaketa”, esa ceremonia ancestral con la que tanto alternamos, debemos de plantearla de la manera más responsable y segura posible. El “mojón” de toda la vida hoy llamado “txotx” no nos acompañará de momento en nuestras bodegas. Temporalmente no podremos acercarnos, sonriendo felices, en ilusionantes procesiones vaso en mano hasta el “caserío” donde nace y crece la sidra. Estos “caseríos”, los más antiguos de manera vieja, otros de fibra y los más modernos de inoxidable los admiraremos de momento de la distancia.

Desde nuestras mesas sentados y como siempre rodeados de nuestros amigos intercambiaremos con nostalgia algunas cómplices miradas en las que trasmitiremos a estas kupelas con misma sonrisa e igual de felices esas ganas de probar la sidra nueva que tenemos dentro.

No va a ser una nueva manera de probar la sidra, como algunos dicen. Será la manera de recordar cómo lo hacían en el pasado nuestros mayores. Para muchos de vosotros será novedoso, sobre todo para los más jóvenes pero muchas de nuestras kupelas de madera todavía lo recuerdan.

Este año, como digo, tendremos la oportunidad de ofrecer las “probaketas” como lo hacían nuestros aitonas en las viejas sidrerías.

Mis primeros romances con nuestra “bebida rubia” los recuerdo rodeando una vieja y coja mesa de madera que apenas soportaba aquella cazuela de barro. Sentados en unas apolilladas cajas volteadas esperábamos con ansia a mi padre que recién cerrada la canilla de la kupela y con paso vivo se acercaba con una jarra azul y amarilla de porcelana y nos servía con toda su ilusión en unos pequeños vasos de cristal gordo. ¡Qué momento! ¿Cuál de las sidras que traiga mi padre será la mejor?

Parecida ilusión desbordaban estos impacientes amigos, la mayoría también clientes, que acercaban con solemne respeto su vaso para facilitar el trabajo a mi padre. Son de esas experiencias que uno no olvida nunca.

Este año, no sólo probaremos la sidra nueva, también cataremos nuestra historia. Haremos un merecido homenaje a nuestros mayores con nuestro máximo cariño y respeto.

Con cada trago de sidra que se deslice en nuestra boca, sentiremos más cerca que nunca nuestros orígenes, nuestro pasado, nuestros mayores, nuestra historia y parte de la historia de la sidra y Euskal Herria.

El próximo 5 de febrero y de momento sólo mediodías, comienza otra campaña apasionante pero diferente. Estamos deseosos un año más de cumplir con nuestra tradición y de haceros pasar esos momentos inolvidables que sólo los pasáis en la sidrería. Este año vuelve el pasado ¿será para quedarse? Eso lo decidiréis vosotros.

Laster arte!

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